Tienes los párpados embarrados y los labios entumecidos. Sécate con suavidad y firmeza mi amor...
¿A qué esperas para purificarte? ¿Aguardas a que me fusione con tu rayo de sol?
Me he convertido en tu discípulo, el aprendiz torpemente aventajado...
El terreno es abrupto y me has infectado. Ardua sensibilidad punzando con fuerza mis ojos. Distracciones de un cielo infinito...
Cuidado, no te caigas y ven aquí...
No puedo dejar que te rompas, eres mi espejo emocional y a través de ti puedo verlo todo...
Los destellos de luz de nuestras auras golpean mi océano cristalino...
Sombrilla de vida y mar de luz...
Axiomas perdidos en un valle de susurros, deslizándose como fuegos fatuos sobre la niebla de mi alma, nunca cesarán...
Noches de lluvia taciturna...
Las agujas del viento helado clavándose en mi rostro...
Estrellas escondidas bajo el páramo nuboso...
Deseos empíricos plasmando el insomnio con tu imagen en cualquier rincón...
Cantos de sirenas cincelados en mi entumecida sazón...
Te amaré todos los días de mi vida...
(Escrito y creado por Juan Antonio Acedo Díaz)