miércoles, 5 de octubre de 2011

Fulgor de sacrificio

Cuenta una vieja leyenda india una de las más tristes historias de amor en los tiempos antiguos.
En un modesto poblado, habitaba una pequeña tribu indígena. Los amos de los bosques. Los dakotas. Subsistían por medio de la caza, la pesca y las plantaciones cerca de los ríos. Sobrellevaban una vida tranquila y nada perturbaba lo cotidiano.
Llegado el momento se tornó una excepción. El joven “Ojo Penetrante” se debatía día y noche en demencia. Amaba en secreto a la más bella muchacha que se haya erguido sobre el crepúsculo. Su nombre era “Cielo Estrellado”.
Guiado por un impulso de desesperación y angustia, reunió el valor acometido y dirigiéndose a ella, le suspiró declaraciones nacidas de su alma.
“En las entrañas de la tierra mi reflejo amoroso quedó grabado.
Desde el comienzo de los tiempos fue mi elección.
Dejaré una marca en el mundo y no tendrás más remedio que creerme.
Cuando los soles del cielo naciente se abracen, te mostraré quien soy en realidad”.
No obtuvo respuesta y mientras tanto, “Cielo Estrellado” aguardaba en silencio.
Con el pasar de los años, una terrible epidemia azotó la aldea, llevándose con ella a multitud de pobres desdichados. También arrasó con “Cielo Estrellado” quién murió sumida en la pesadumbre.
La noticia de la muerte de su amada no tardó en llegar a oídos de “Ojo Penetrante”.
Con una actitud altanera, miró al cielo y emprendió su promesa. Se dirigió con paso firme al corazón del valle. Escaló con esfuerzo un interminable despeñadero que daba a luz a una gutural cascada. Una vez en la cima, respiró con dureza una bocanada de aire puro, justo antes de precipitarse al vacío, dejando que su cuerpo inerte impactase con las lomas de la montaña, hundiéndose en el abismo.
Tan irracional acto no quedó en el olvido. 
Fué el viejo chamán quien les quitó la neblina de los ojos a todos para explicar semejante comportamiento.                                                          
“Fuese cual fuese la situación actual entre ambos y al margen de una vida condenada por amor, a él nunca le importó el resultado final, realmente la amaba. Lo que nunca podría haber soportado es vivir en un mundo donde ella no existiese”.
El amor está al alcance de todos pero pocos son los que consiguen experimentarlo en su verdadero esplendor.
(Escrito y creado por Juan Antonio Acedo Díaz)