martes, 6 de mayo de 2014

Cielo y fuego

En un mundo de sombras e inquietudes me hallo ante el espejo y mi holograma se proyecta con las primeras delicias de la umbría.

He sido un honorable testigo de las viejas lluvias que inundan los fértiles páramos y las primeras luces del verano.

Cuando el cielo mengua, mi alma parte a los recintos prohibidos del gris paraíso floreado.

Vacíos están los corazones de las rosas inmaculadas por el invierno pero aún conservan su flamante esplendor dorado.

Recostado ante el árbol sagrado, vislumbro mi presencia cabalgando sobre el pájaro de los dioses.

La visión se me condensa en la memoria y mis ojos se convierten en llamas.

El poder del renacer eterno me palpita como una saeta de luz cantada a la inmortalidad.

Mi voz incandescente se ha tornado en el desafiante grito del fénix.


(Escrito y creado por Juan Antonio Acedo Díaz)